Cartel del Mercado tradicional valenciano en Calig, Castellon

 

 Mercado gratuito para los artesanos que vayan a participar en él.

Granja, atracciones,pàseo de ocas,danzas y espectaculos

 Ficha tecnica para participar en el mercado :  03 y 04 de mayo – Mercado tradicional valenciano en Calig, Castellon – gratuito

 

 

 El día de San Vicente en la Historia de Càlig

Se aventurado dar una fecha que nos diga cuando nació en Càlig la iniciativa para dedicar un día a honrar San Vicente Ferrer, ya que no nos ha llegado ninguna documentación que nos oriente en este sentido. No obstante, es probable que la fiesta surgiera a lo largo del siglo XV, una vez subido a los altares este gran predicador valenciano, cuya fama era bien conocida por todas partes, y más aún en la comarca del Maestrazgo, ya que esta era zona de paso obligado entre las ciudades de Valencia y Barcelona, además hay que añadir los testimonios que aseguran su estancia en nuestra comarca y que incluso han llegado hasta nuestros días, los cuales hacen referencia a sus singulares sermones que congregaban su alrededor gran cantidad de seguidores venidos de todas partes, y, también, de los milagros que hizo y que han quedado grabados en la memoria de estos pueblos. Pero, sin duda, es su-aún no suficientemente estudiado-lazo con el Papa Benedicto XIII, la sede pontificia era en Peñíscola ya que San Vicente Ferrer visitó con frecuencia para buscar una solución al Cisma de Occidente, el hecho de que tal vez más lo vincula a la comarca del Maestrat.

A pesar de todo, y en cuanto a la devoción de los caligenses hacia este santo valenciano, sí que nos han llegado algunos datos, muy pobres-hay que decirlo-, pero que al menos nos muestran algunos indicios referentes a la intensidad con que veneraban este fraile dominico.

Así, hay constancia de la existencia de la cofradía de San Vicente a finales del siglo XVI y de un bacín donde se recogían dinero para destinarlos a la celebración de actos religiosos, a la compra y alquiler de materiales propios del día en que se hacía la fiesta y de otros posibles gastos. Sin embargo, no había en el templo parroquial ningún altar donde estuviera la figura del santo, o al menos ninguno en exclusiva, pues si damos un vistazo a los altares que había en la parroquial antes y después de la nueva construcción del templo, entre 1622 y 1633 aproximadamente, no encontraremos ninguna dedicado al santo valenciano.Esto no significa, sin embargo, que no hubiera tal vez algún lienzo, estandarte, hornacina, grabado o retablo donde apareciera su figura. Con todo, tendremos que irnos en el siglo XX, en nuestro tiempo, para poder afirmar la existencia de un altar dedicado a San Vicente Ferrer, y que, anecdóticamente, la esbelta imagen que lo representa, y debido de un error de diseño o de un malentendido-según se ha oído decir-es la de santo Domingo y no la del santo valenciano.

El 1619, el entonces obispo de Tortosa, monseñor Luis de Tena, retomó la cofradía de San Vicente para despilfarrar en exceso el dinero de dicha cofradía, el día en que se celebraba la fiesta, en la compra de pólvora y en hacer bailes. Así que mandó a los mayorales que no hicieron un gasto mayor de seis libras al año.

Este mandato del obispo, que posteriormente fue publicado desde la trona por el rector de la parroquial en el pueblo, seguramente no satisfizo los componentes de la cofradía, pues en este primer tercio del siglo XVII la fiesta de San Vicente pasaba por unos momentos de máximo desarrollo. Sin embargo, desconocemos su trascendencia y los resultados que provocaron entre los cofrades.
La cabeza en honor a San Vicente siguió celebrándose en Càlig en los siglos posteriores, tal vez sólo interrumpida en años de fatalidades, que sin querer ha sufrido la población caligenses.

Al empezar el actual siglo XX, y gracias al interés de algunos caligenses en conservar viejos papeles y darlos a conocer, tenemos a nuestro alcance una serie de fragmentos de relaciones que demuestran la vitalidad y brillo de la fiesta. Algunas de estas son anónimas y de fecha desconocida, en cambio en otros sí figura la fecha y hasta el autor, como la recitada por Ramon Aragón 1907 o la de Francisco Llorens 1901, de lo n’extraem los siguientes párrafos: «En permiso del auditorio yo diré una relación, porque tingue buen remate aqueste ylustre función. Por lo tanto de tods áspero buen silencio y atención, la diré por Sn Vicente, hijo de Valencia y patrón Antes mol s’acostumbraveasí di una relación a nuestro padre Vicente Anan a la prosesó Por lo tanto yo may parad cha uno sabe lo Sinyent Reto, y todo el clero enterado, por AYSO han hecho detención. Algunos hombres de este pueblo siempre an dicho que mi autó no sabe versó en valenciano. A uno veremos si.n sabe uno no ». «A los hombres debo advirtió, los que tengan afición, acostumbrats al tabaco o bien Sigue ahumada. Si tiniu son adormezca sesión en lo Sigarra apagado, que algunos por no apaga-lo cha sabe lo que a pasado, Ya.n sé dos c.an pertirit pero no.ls quiero declaró porque tote la familia tendrían un gran pesó. A las mujeres no.ls digo nada, porque cha quiero acabó, que sino las pasarie todas par en cáscara. TAME los sinyós maychorals en gusto los quiero alabó, para asistir a la feste que cha muchos años que no identifi a.Después de la prosesó los iré a visitar, por ver si la feste algo yo puedo celebró ». La última fiesta de San Vicente celebrada en Càlig, la del año 1956, es la que más información nos ofrece, pues muchos de sus protagonistas nos han hecho sabedores de su desarrollo , incluidas algunas anécdotas, que nos dirigen a pensar que esta era de verdad una gran fiesta, y que hay de todas todas reavivar y fortalecer.

 

1991: Recuperación de la Fiesta de Sant Vicent

TREINTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS

Treinta y cinco años después de aquella última vuelta, el grupo de Danzantes pensó que se podía recuperar la fiesta. Recuperarla sí, pero, ¿cómo? Por un lado lo considerábamos algo muy entrañable, pero, por la otra, estaba tan desfasada …! Sin embargo, nos hacía ilusión hacer algo el día de San Vicente, aunque sólo hubiera sido salir a bailar.

 

Cuanto más lo hablábamos, más nos animábamos a hacer algo un poco distinguida, pero no sabíamos por donde cogerlo. Salir a bailar no tenía demasiado liga, era poca cosa, pero querer hacer todo lo que se hacía antes era tener demasiadas pretensiones, y ni siquiera sabíamos bien que se hacía ese día. No os creáis que no estuvimos horas de charreteras, ya que se nos hacían las tantas de la madrugada cada noche que teníamos reunión. Poco a poco, fuimos fijando unas ideas que compondrían el esquema básico del programa de trabajo y, apoyándonos en esas ideas empezamos a organizar las cosas: lo que nosotros haríamos sólo sería un recuerdo de la fiesta, un pálido reflejo y, al mismo tiempo, un estímulo para que todos juntos trabajaran para su recuperación.




 

No se podía recuperar de golpe algo que había sido tantos años abandonada. Era mejor empezar modestamente y, cada año, introduciendo cosas nuevas a la fiesta-nuevas, pero que se hacían antiguamente-para finalmente, una vez los caligenses deberíamos abrazo como algo muy nuestra, terminar de consolidarla y afianzar -en el espíritu de todos, para que no se volviera a perder.

 

Si hubo algo que nos frenara, fue el miedo a la indiferencia de la gente, en su pasividad frente a la fiesta. Hay que pensar que la mayoría nunca había vivido este día, y, quizás, la mirarían como algo extraño, y más aún en un tiempo en que la forma de pensar ha cambiado y las distracciones son otras.

 Bueno, finalmente se decidió hacer la fiesta un poco a nuestro aire, alterando y haciendo los cambios o adaptaciones que nosotros creímos oportunos: redujimos su duración a media tarde – cuando antiguamente se celebraba San Vicente durante tres días- ; no habría mayorales, sencillamente porque nosotros como organizadores y participantes en hacíamos el papel, tanto de mayorales como de empleados; no se diría la loa ni se bailaría a continuación durante la procesión, porque no habría ni misa ni procesión; el lugar de celebración sería la plaza Nueva, porque es más plana para bailar, hay más lugar y es más céntrica para atraer público; la loa se diría desde un balcón, porque es más sencillo y económico que hacerse con un caballo; y, para acabar de redondear la fiesta, se introduciría un elemento innovador, las tortitas de San Vicente, bien, decimos que se innovador pero con ciertas reservas, pues si bien antes no llevaban este nombre porque simplemente eran delgadas-ni se vendían a los asistentes, los participantes de la fiesta sí que comían en casa de mayorales. Con todo, la cosa que quizá rompió además con la antigua costumbre fue la fecha de celebración. Este año, el día de San Vicente era fiesta local, pero ya saben lo que pasa siempre este día, y es por eso que se acordó de hacer la fiesta el día antes, que era domingo.

 

Una vez ya sabíamos lo que íbamos, empezamos a movernos. Estuvimos ensayando los bailes hasta el último momento. Fuimos encomendarle a J. Manuel Borrás la composición de la loa. Visitamos los hornos varias veces para ver de qué forma quedarían mejor las tortitas. Compramos moscatel para acompañarlas. Hicimos carteles de la fiesta. Compramos listita. Tuvimos que pedirle permiso a JJ de la Figuera para utilizar su balcón. Hablamos con el alcalde para poder interrumpir el tráfico en la plaza Nueva. El PSOE de Càlig nos dejó los altavoces. Invitamos a la fiesta el presidente de la Comisión de Fiestas, a todos los miembros del consistorio municipal y el rector de la parroquia. Hicimos aliñar las banderas, las vallas y las señales de tráfico que se tenían que poner a la plaza-nos lo dejó el Ayuntamiento-. Fuimos a buscar hojas de algarrobo, que junto con la bandera y una lista blanca-que componen la Senyera mayor de la villa-serían el símbolo de la fiesta. E hicimos, finalmente, mil cosas más, de modo que el día antes ya estaba todo a punto.

 

Al día siguiente, de mañana, sólo habría que poner las banderas, las vallas, y au! Pero, a veces no contamos con el destino, y es lo que debe ser …

 

Diumenge SANT VICENT

 

A media mañana del día de la fiesta, nos llegaba la noticia de que Francisco Inglés-en gloria esté-, tabaleter del grupo, había tenido un ataque al corazón. Nos cayó el mundo encima.Su hija, danzante también, desde el hospital nos animó a seguir adelante con la fiesta, aunque la moral ya nos iba por el suelo.

 

Los momentos de nervios y angustias nos acompañaron durante el resto del día. Y, ahora que se quería sacar la fiesta adelante, a quien encontraríamos quiera tocar el tambor? ¡Si quieres una buena, a recorrer el pueblo por aquí y por allá para encontrar un tabaleter, cuando faltaban sólo cuatro horas para comenzar la celebración de la fiesta! Con todo, aunque tuvimos suerte, porque Miguel Antolí nos sacaría el carro.

 

A las tres de la tarde acabábamos de colgar las banderas en los balcones de la plaza y de montar la parada de las tortitas, de probar el micrófono y los altavoces, y de poner los avisos a los coches estacionados en la plaza para que los retirassen a la hora señalada.

 

Fuimos a comer ya vestirnos. A las cuatro nos reunimos en el centro municipal para hacer el último ensayo ya ver si el nuevo tabaleter agarraba bien a la música de los clarinetes y en nuestro paso.

 

Cuando desde la plaza nos hicieron llegar el aviso de que estaba ya todo listo y cada uno en su lugar, salimos para comenzar el desfile: ante iba la Senyera mayor de la villa y los pendones, con las cuatro barras y la escudo CALIJ, a continuación seguían los músicos y el recitador de la loa y, tras los danzantes, que iban marcando el paso de la danza sobre la marcha. El pasacalle seguir el itinerario que se suele hacer, pero al revés: salida de la casa, la calle de San Roque-al pasar por la esquina de San Vicente, nos giramos todos y tuvimos bailar ante la imagen del santo- , calle de Marimon, calle Magistrales, calle San José, plaza Vieja, la calle de la Virgen del Socorro-pasamos por la parte alta de la plaza Nueva para evitar el público que nos esperaba con expectación-, calle Raval, calle de la Bajada a Santa Bárbara, calle de Santa Bárbara, calle de la Santa Cruz, calle de San Roque y por la calle del Raval adelante para entrar bailando en la plaza Nueva, donde nos abrimos desplegando-nos por toda la plaza.

 

Inmediatamente, se hizo la presentación de la fiesta y, terminada la presentación, bailamos un pedazo de la danza. Al terminar de hacer el dibujo que conocemos con el nombre de «la cruz», comenzó la recitación de la loa la «relación», que decían antes-, la cual había sido dividida en tres partes: la parte de la introducción, la que cuenta la vida del santo y la que hace las críticas. Entre parte y parte bailamos un trozo de danza, en la que se hicieron dibujos diferentes cada vez. Terminada la loa propiamente dicha, se hizo siguiendo la tradición, la oración a la Virgen del Socorro, para finalizar con las jotas, un baile por danzantes pequeños y la otra por los grandes. Al terminar se formó otra vez todo el cortejo de pendones, músicos y danzantes y salimos de la plaza tal y como habíamos entrado, dando así por finalizada-después de treinta y cinco años de no celebrarse-esa primera nueva fiesta de San Vicente.

 

CLAUSURA

 

Ahora, en resumidas cuentas, parece de poca suelta todo lo que hicimos, una insignificancia, pero no se pueden contar las horas que se perdieron y, aún menos, los dolores de cabeza que se pasaron. Con todo, el balance que hemos sacado ha sido positivo, ha valido la pena. Creemos que esta rememoración de la fiesta de San Vicente gustó. Sólo había que mirar las caras ilusionadas de las personas mayores, sobre todo, o de curiosidad y complacencia del resto de asistentes, para comprender que no todo nos había ido de espaldas ese día. El año que viene, si Dios quiere, esperamos volver a revivir esta fiesta que estuvo tan fuertemente arraigada en nuestra villa en otros tiempos, y confiamos en que no se volverá a perder.

 

Ya para terminar, sólo queda hacer patente el sentimiento de gratitud que tiene la Colla de Danzantes hacia los abanderados, los músicos, los hornos de pan-que nos regalaron las tortitas-, el ayuntamiento ya todos los que de una manera u de otra ayudaron a la realización de la fiesta de San Vicente, y dedicar muy especialmente un recuerdo a nuestro primer tabaleter, y, en algunas ocasiones, también maestro.

 

 Fuente : AYuntamiento de Calig

 



Author: Mercados medievales en la RED